La mejor relación y sobre todo, la más placentera es la que se da entre iguales.Pero la neta, así hablando sin tapujos, a los hombres machistas - que somos el 96% de los mexicanos, si no es que del mundo - nos imponen las mujeres decididas, aquellas que miran su objetivo tras un camino recto, directo a dónde van y con la clara idea de cómo llegar...
Tras siglos de formación estamos moldeados para buscar el 'toque suave y delicado' de una mujer... miren los comerciales... que se te antoja, ¿crema corporal?, la suavidad del cuerpo femenino, ¿suavizante para ropa?, el amor de máma... y le podemos seguir. Entonces nos topamos con estas mujeres decididas que, obviamente, se defienden y atacan, de forma 'elegante' - ejerciendo toda esa destreza desarrollada para lidiar con nuestros instintos bestiales - o directa - enarbolando las banderas feministas que a veces buscan desprestigiar a nuestro desvalido genero.
Estamos habituados a buscar una pareja jóven y mansa, dulce y sumisa, con una sonrisa de condesendencia en la boca siempre lista para nuestra mirada. Una mujer bonita que no discuta, que diga frases amables, que si hace una observación lo haga con toda la delicadeza posible, que use las manos para la caricia y ya de paso - apelando a toda nuestra condecendencia - a sus labores profesionales. Que sea experta en ese trabajo permitido y una fiera en la cama, que pueda dividirse en mil para darse el tiempo de trabajar, atender a los hijos, a sus amigas, a la familia, la casa y claro, este esperandonos en tanga en la cama al terminar el día.
Ese ideal impulsado por las revistas de moda, los programas y novelas, como los modelitos que suelen salir en la TV justo antes de despedir el programa, a un par de costuras menos de quedar desnudas, mandando besos y abrazos con toda la cachondez posible, y nosotros, bestias impulsivas, pensando que nos los mandan directamente y no como una imagen estudiada de un departamento de marketing.
Pero si podemos amarrar a esa bestia machista que tenemos dentro, esas mujereces decididas que en un principio nos impactan, se convierten en las mejores parejas.
Parejas que nos corrigen, que refutan nuestras ideas, que reforman nuestras palabras, que señalan nuestros errores, que rompen con admirable habilidad nuestros egos inflamados, nuestra vanidad encapsulada. Mujeres que pueden llegar hartas por la noche, cansadas del ajetreo del día, que simplemente nos mandarán por un tubo si no tienen ganas de coger. Que reclamaran con toda justicia nuestras faltas a los arreglos acordados, que no estan tras nosotros para que hagamos lo que nos toca.
Mujeres que esperan ser tratadas con respeto.
Mujeres que envejecen, como nosotros, y ya no tendrán la piel ni senos de veinteañeras - mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, las canas o los pocos cabellos. Parejas a quienes las hormonas les dan ciclos de euforia, o de mal genio, o de una placidez extraña, o de un sopor inusitado. Mujeres que son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato - se necesita siempre, a diario -, o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán... dificilmente las ojiverde, de piel nacarada y tetas perfectas que nos muestran las campañas de consumo, si, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir, mujeres queridas, que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa pendejo que hacia allá nos impulsa, como autómatas.
Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena: sed de vida larga y de conocimiento